Nacida el 19 de enero de 1954 en Nueva Jersey, es una artista,
fotógrafa y directora de cine
estadounidense.
Ha sido una de las fotógrafas más respetada del siglo XX. A
pesar de que la mayoría de sus fotografías son imágenes de ella, estas
fotografías no son autorretratos.
Inicios
La carrera de Sherman en Buffalo comenzó muy diferente de
como acabó. En su primer año, Sherman empezó a trabajar la pintura hasta que un
día, se dio cuenta de que no era suficiente. Volvió a la fotografía, que
fue lo que estudió durante el resto de su tiempo en Buffalo.
Formó Hallwalls, un espacio de artistas independientes donde
ella y otros artistas exponían. Después de la graduación de Sherman en 1976,
decidió mudarse a Nueva York para embarcarse de lleno en su carrera artística, y
fue entonces cuando comenzó a tomar fotografías de sí misma. Estas
fotografías, autorretratos conceptuales, vendrían a ser conocidas como Complete
Untitled Film Stills, en los que escenifica situaciones con vestuario y
utilería para dar a las fotografías la apariencia de un fotograma
cinematográfico, usando estética y planos propios del Cine negro. Sus fotografías muestran
personajes construidos con pelucas, sombreros,
vestidos, ropa a diferencia de la suya. Estas fotografías pueden confundirse
con retratos pero son algo muy diferente. En cada una de estas fotografías,
Sherman juega un roll, no una persona real, sino un ficticion auto - fabricada.
Ella es el ama de casa arquetípica, la prostituta, la mujer en peligro, la
mujer entre lágrimas, la bailarina, la actriz y el maleable, camaleónica
Sherman juega todos estos personajes.
Obra
La época en la que Sherman se dio a conocer como fotógrafa
había muchas mujeres artistas cuyo trabajo respondía a la mirada lasciva de un
público masculino. La artista era
un peso pesado durante este periodo, a menudo posaba desnuda y disfrutaba
abiertamente de su atractivo erótico. El
desnudo no formaba parte de su trabajo a pesar de que en los años
ochenta, tras los éxitos de sus fotogramas, adoptó en sus fotografías
pechos sintéticos y vulvas artificiales que añadían un divertimento vicioso a
la fantasía masculina.
Durante los años setenta, jugó un papel preponderante
en la reestructuración feminista del cuerpo, movimiento originado y mantenido
por las mujeres. Esta generación creía que “lo personal es político” y los
artistas de performance, en su mayoría mujeres, se apropiaron de este axioma y
lo transformaron, a la vista de sus logros, en algo asombrosamente real
basado en la disforia existente entre los sexos. En su deliberado
intento de revelar la naturaleza interpretativa de la psique femenina,
Sherman adquiere múltiples y variados rostros. Los seres que emergen de
sus brillantes transformaciones pertenecen al glamour de la industria
cinematográfica de los años 30 y 40, cuando la belleza femenina era la clave
para vender entradas.
Como veremos, en su última obra la artista sucumbe al rencor
y a una visión negativa de la mujer. Sherman conjuga la verdad y el artificio
al mismo tiempo. Hace hincapié en el momento que surge cuando una mujer ya no
sabe si está interpretando un papel o revelando su propio ser.
La colección de fotogramas de Sherman implica una
redirección imaginaria de la mujer en una sociedad gobernada por hombres.
La artista interpreta a su
género de modo que llama la atención sobre el papel subordinado de la mujer. A
partir de los años ochenta Sherman evoluciona como “fotografista”.
En general, Sherman es una artista cuyas recreaciones
dan como resultado algo mucho más creíble.
Sus primeros trabajos
Sus primeros trabajos atestiguan un erotismo más sencillo.
La imaginería en sí misma está aislada, ya que Sherman aparece casi siempre
sola en las fotografías, lo cual intensifica y acentúa las circunstancias
mórbidas de no tener amigos o familiares con los que interactuar.
ARTIFICIALIDAD:
Las fotografías más
lóbregas se dan a finales de los ochenta y principios de los noventa: son
espantosas y grotescas.
A pesar del mal gusto casi cómico de las fotos, queda claro
que se basan más en la construcción de la imaginación de Sherman, que en
revelaciones de su psique. En el primer caso, Sherman apenas muestra su cuerpo
en estas imágenes, por lo tanto es difícil afirmar que esta hablando sobre
ella. Y en el segundo, el uso de partes artificiales contribuye a una lectura
distanciada de su significado.
Uno no puede imaginar trabajo más distante del de sus inicios
que la hizo famosa. Cuando tenía 20 años parecía haber resuelto el eterno
dilema de la mujer, forzada como está a interpretar su género. Hay un
grupo de fotos de los ochenta en los que Sherman representa, en color, una gran
variedad de poses: la idea parece haber sido tomada de los fotogramas
cinematográficos, casi todo su trabajo posterior debe su tenacidad y poderío a
las innovaciones de su primer proyecto, pero con un ligero sentimiento de
acritud que después se convertiría en auténtica furia.
TRANSGRESION
Desde el punto de vista
de la conducta, la tensión entre la Cindy Sherman buena y la mala demuestra que la
interpretación de distintos papeles tiene consecuencias, no solamente para el
espectador sino también para la propia artista.
La transgresión tiene lugar para recordarnos el valor del
performance, que desde mediados de los años ochenta hasta los primeros noventa
llega a ser abiertamente absurdo, caricaturizado hasta el punto de convertirse
en ridículo. A finales de los años ochenta, Sherman incorpora la imaginería de
los grandes maestros, imaginería renacentista que se apoya en la desfiguración
como una manera de censurar la autoridad de la historia del arte.
Para el año 2000, Sherman deja claro que el travestismo y la
ironía profunda serían sus grandes temas, fundamentados en su relación con la
figura y la psique de la mujer. Las imágenes de payasos que utiliza desde el
comienzo del nuevo siglo y hasta la mitad de la primera década del siglo XXI
resultan agresivas y espeluznantes hasta el punto de parecer peligrosas. Su
exagerado maquillaje en colores primarios coincide con miradas de auténtica
malevolencia.
Su trabajo actual
En sus trabajos más recientes, los últimos cinco años, vemos
a una artista entrada en años que continúa agitando el arquetipo de la mujer en
sociedad. La idea de una belleza pasada, muerta en la actualidad, aparece con
frecuencia; la vulnerabilidad en muchas de sus fotografías llega a ser
repugnante.
En una construcción similar, también de 2010, la figura de la
izquierda lleva una túnica transparente sobre un vestido azul con flores
blancas. En la fotografía parece cansada, visiblemente envejecida.
En estos últimos trabajos, parece como si Sherman no
estuviera terminando con estrépito, sino más bien con un quejido. Pero Sherman
no ha llegado todavía a los sesenta años, así que sería prematuro caracterizar
esto como su despedida del arte